Mi hermosa mamá a sus 18 años.
PROMESA
Asumo tus muertes y las mías
en esta llama que vacila en apagarse
Siempre a punto del naufragio
una guedeja de Dios me salva
cual lava de volcán me fertiliza
y dejo de ser Lea la humillada
para parir mi consuelo
Mi fuego tenue
se acopla al viento
como un derviche bendecido
que prodiga a la tierra su esperanza
En un borde de mi pabilo
Agar se acurruca bajo el árbol
con la manta negra
para que su temor toque
el corazón del Altísimo
y rompa de sus arcas las fuentes
que extiendan a Ismael su descendencia
Creo firmemente
si el cielo agacha su cara
y su oído oye mi ruego
antes de ser ceniza
yo Sara
yo Raquel
veré chispas profusas de mis entrañas.
MADRES
María fiel entre las valientes
entrega las alas para la vigilia
inaugura la ruta escarpada del incienso
cuando la estrella de su vientre abre el camino
María de los Ángeles traza los pasos de la abeja
para alcanzar la elegancia de los cisnes
en los acordes de gaitas y tambores
que instruyen saltamontes
María Luisa profetiza de luciérnagas
busca el pozo lleno
en la hora en que la luz lo inunda
para saciar la sed de los peregrinos
María Teresa de clavos y de canela
en las tablas y en el tablero
abre el cofre de sus ancestros
y poetiza una sangre nueva
Ellas, institutrices de alcatraces
cazadoras de toda cadencia
son de maíz
y sobre este monte
se desgrana su canto.
PRESTIDIGITADORAS
Gloria María convida a la comitiva
donde las manos se inventan rondas
brotan arañas entre los hilos de papel
para tejer la red que me acuna
María Margarita agita su vara
me despierta con el halo de la infancia
a la muñeca de cabello cobrizo
en este tiempo en que ya sé hacerle trenzas
Olga está recamada de orla de río
me lleva en su corcel azul
a recoger la tinta de los navíos
con su voz ondulante de ola
Águeda borda al derecho y al revés
punto cadeneta punto
con la aguja me punza, pica y salpica
su brebaje de miel en el mar de Venus
Piedad del Carmen lava los versos
en la fuente de palabras diáfanas
escudriña en mi corazón de piedra
el agua del libro que me acrisola
CENTINELAS
Leonor es reina de hadas transparentes
alumbra las sendas de alamedas
robustece en alta mar
el resplandor del faro
permanece insomne
ante el jaguar que la nombra
María Eutalia cuida la compuerta
que abre paso a mangles y luminarias
sus cántaros de la noche
albergan la sabiduría de niños viejos
la confianza de nadar desnudos
en aguas cristalinas y mansas
Flora en las habitaciones del silencio
revela las fotografías
pone a contraluz el caos primigenio
que inquietó a Pandora
divide el claroscuro
con el filo de su pluma fuente.
Séfora vertiginosa pantera
guarece en su tronco a las crías
saca sus garras cual espadas
heridoras de la muerte
para que el hálito retorne
a la vía libertaria.
Melissa anuncia con su shofar
las coyundas de invisibles enemigos
la cascada que quiebra
el muro de las aflicciones
los despliegues de falanges
bajo la voz del trueno.
LAS NANAS
Los pequeñitos que escaparon
del campo sembrado de abrojos de hierro,
los que se valieron de una escafandra
para soportar la intemperie,
el sopor de la muerte;
llegan con sus nodrizas a la casa del árbol:
Gloria desarma muñecos de trapo
para que a sus niños no estallen los sueños
da la bienvenida con té de caléndula
les sirve galletas que sanan gargantas
ata las sandalias de las mariposas
Diana quita el polvo con agua de rosas
los empapa con cristales de sábila
donde las esquirlas hurgaron su templo
y entona canciones de cuna
para volver a ser ninfas de las libélulas.
Eva les da masajes para espantar el frío
con esencia de arrayán florido
rescribe sus nombres en los documentos
remienda vestidos rasgados
pega los botones sueltos.
Bertha cose los encajes a los moisés
borda las manoplas, los escarpines
aroma sus frentes con gotitas de jazmín
espera atenta los gestos primeros
de algodón y de seda.
Alexandra vierte aceite en las cuatro lámparas
alista las camas con almohadas tibias
pone espantapájaros antes de la siesta
y les da a tomar infusión de ortiga
para que de rojo no tiñan sus sábanas
para que retorne al árbol la fiesta.
LIBÉLULAS
En la costa sur María Elcina
advierte en el aire del bosque húmedo
un nativo que tañe su caracola
la señal de humo que cruza el cielo
en su tambora agolpada.
En las notas de la marimba
Mary se cuela
se mece como palmera
como barca en marea alta
al son de la brisa del litoral.
En las alas tornasoladas de la ribera
Lida Melba de coral rojo
sorbe del sol la leña
luego cuece lo selecto de la pesca
con albahaca y leche de coco
en el fulgor de su hamaca.
En la costa norte Greta
con su pregón de vertiente
rompe esteros de caramelo
sobrevuela y deja su estela crepuscular
en el estribillo del horizonte.