"Hija de Babilonia, la desolada" cubriste con mucho talco tus imperfecciones, el soplo de tu corazón, el hueco de tu alma, raíces de amargura te cubrieron y fueron como venas de tu lengua. Cuando abres el corazón, hieres, se te ve la inflamación, la canción de odio de tu infancia, un arrullo abismal en vez de nanas.
Un día, hija de Babilonia, saldrás del mar si eres sincera. La embarcación de la que quisiste que yo naufragara ya explotó, y en medio de aguas revueltas, del mar pasé al río, me quité los trozos de madera que no resisten al fuego; de entre escombros salí de pie sin una lágrima, y tú vendrás tras de mí, y yo seré como un norte para ti si es que tú cambias. A tus hijos no los estrellarán contra las peñas si bebieres las aguas santas. Sal de una vez, reconoce los caprichos que te vendan; sé libre y vendrá la calma, cambia. Cambia antes de que se revierta en ti el deseo destructor con que asolabas; no seas más la flor carnívora.






