sábado, 16 de mayo de 2026

Hablaré de los montes



Hablaré de los montes afilados como estoraques;

y veré crecer la casa a aquella altura de los poderosos entre las naciones.


Me uniré al clamor de un país entregado al Dios viviente, cuando millones de manos se alzarán por tu misericordia y miles de rodillas se doblarán por la unción verdadera.


Oiré cantar a la niña de mi corazón “Pon aceite en mi lámpara”; y cada velo de luto será roto, como el velo del templo rasgado para hallar la Eternidad.


El aceite no es el de la costumbre, el de los cocodrilos; es el aceite que conocen los reptiles celestes, el aceite de las semillas de la flor inmensa esplendorosa en el más alto de los cielos.


Una simiente santa morará en el corazón de los que anduvieron entre pedregales.


Hay corazones de piedra que sacarán el llanto que guardaron desde la infancia;

sacarán la rebeldía que vino por el orgullo,

porque cubrieron de orgullo y apariencia

la impotencia por las vicisitudes que ofrece el mundo.


Viene la onda expansiva de tu poder sobre las naciones;

los vasos de ira serán quebrados,

porque de entre los necios,

de entre los insolentes saldrá una heredad

capaz de dar frutos de arrepentimiento.


Mientras tanto, yo me esconderé día tras día en tu sombra,

en ese silencio que canta como quien ha muerto,

porque conozco el refugio seguro

y sé en cuál manantial quitarme las manchas.


Conocí el dolor hasta la llaga;

sin embargo, respiro las misericordias dadas a David.


sábado, 2 de mayo de 2026

Este Amor (JyC)


Hablar sobre este amor no es fácil

ocurre como una serie de milagros

en los encuentros inesperados

después de buscarlo tanto.

Es saber que existe una fruta

cuyo nombre es tan entrañable

que parece prohibido

uno pregunta a los mercaderes

si ellos la venden

pero no tienen idea de lo que les hablo

unos transeúntes asienten moviendo la cabeza

e indican que al doblar la esquina

que al dar la vuelta por la glorieta

y subir por una senda escarpada

uno termina en la falda de una montaña

observa y husmea los huertos

llega al aprisco, al establo, al gallinero

y los animales fijan en ti la mirada

indagan en tus ojos

nadie dice nada.

Bajo al pueblo

pregunto en la tienda de la esquina

y me dicen que es una especia importada

que le pregunte al vendedor de hierbas en el centro

sigo mi peregrinaje y el yerbatero me dice

que esa semilla está en vía de extinción

yo me quedo atónita

regreso a mi barrio

mientras camino las cuatro cuadras

le canto y los perros lloran, aúllan 

llega la noche busco en los luceros

le pregunto a mis hermanas

si Él me ha enviado un recado

ellas me dicen que le hablaron

que lo vieron en un sueño

y se veía tan hermoso

que la primavera a su lado era vana.

Lo reclamo a puerta cerrada

lo llamo, le digo todos los nombres

en varios idiomas

y siento un calor que recorre mi pies

como la espuma

que toma fuerza a lo lejos

y cuando crees que la tocas

se ha esfumado en el acantilado

al lado de una roca

o en mi piel.

Luego me paro frente al espejo

le hablo

noto un cambio en mi rostro

cuando menos pienso

pone sus manos en mi cerviz

me aliviana

me descarga

me carga en su regazo

y yo no sé que decirle

como agradecerle

solo dejo

que duerma en mi silencio.

Mi Consuelo (JyC)


Escucho un pregón

en dialectos antiguos

(me siento luciérnaga en el sol)

me notifica que tengo derecho a tu arrullo

a tu silbido apacible

-concierto de violines-

a que me prestes los colores del arco iris

en las clases de dibujo

a caminar contigo sobre el zumo salobre

para escuchar la voz del trueno

-la que roza las zarzas-

a bañarme en los charcos níveos

hasta volverme filigrana

a girar juntos la rueca en Orión

en el concilio de los ancianos

y hacer retumbar este suspiro

henchido de amor

en tu reserva de cerezos.

jueves, 30 de abril de 2026

Vienes (JyC)


Hay un rumor de tu proximidad

dicen vieron tu barca atracar en el muelle

los soles desteñidos

las lunas rojas

tus ojos de avellana

oyeron tus pisadas de maestro en los andenes

el rugido de un cachorro de león

pasearse por el pórtico

el trotar de los corceles en el norte

las ruedas de los carros

desenvainar los querubines sus espadas

promulgan mi demencia

que por tu causa me hice sibarita.

Cautiva en tu albergue

despierta del letargo

concluyo:

nunca te fuiste

vives conmigo

lo sé, por el hueco en la almohada

y esta embriaguez de tu simiente.

Mi elixir (JyC)


¿Podré yo ser el llano de tu heredad

la mística sazón de tu banquete?

Viviré prendida a ti

como una salamandra

y si tratas de espantarme

prometo escabullirme entre tu traje

en el recinto donde aguardas

por las nupcias.

Si por tu vara de almendras

me diste a beber 

el elixir incorruptible de mi esperanza.

miércoles, 29 de abril de 2026

Mi Amado (JyC)


Mi Amado no es una quimera,

es quedar satisfecho 

con los jugos salubres

de los frutos del firmamento;

quitarse la arena de los ojos

que te aflige;

correrle el botón a la ropa

que te aprieta;

remojar tus pies hinchados

en agua tibia con piedra alumbre,

darles masajes con gotas de lavanda;

y obtener la paga mayor de la jornada.

Mi Amado nombró a la libertad 

libre de borrascas

en la tempestad

junto vientos y tormentas,

y los cordones del viento se anudaron;

restituye lo perdido,

rescata la gran obra,

restaura mi pintura 

en su acuarela.

Petición (JyC)

 


Rodéame con tu escudo

tú que fortaleces al mendigo

al menesteroso das manjares suculentos

debilitas al verdugo

y al ceñirme con tu diestra

acortas las horas.

Guárdame bajo tus alas

tú que defiendes al pueblo

que resiste los agravios

al que ama su bestia le bendices

y el vino refinado

sirves en mi mesa.

Dame el refrigerio

tú que apacientas al redil

aquietas las olas agitadas

afirmas en la peña la vivienda

y me haces crecer 

cual manzano en la campiña.

Vivifícame con tu potencia

en los arroyos de tu Espíritu

tú que alargas los días del humilde

das arrojo a los guerreros

y me haces invisible

ante el peligro.

Satúrame con tu gracia

en el eco de tu magnificencia

tú que sobreabundas en galardones al ciruelo

a la astromelia hidratas

y hermoseas mi balcón 

con veraneras.

Infúndeme denuedo

tú que agudizas la vista de alcatraces

das tesón a los búfalos

rejuveneces a las águilas

y con esmero sanas

la herida que supura.

¡Sea en mí 

desde siempre

y para siempre

la pureza del Amado!

Hablaré de los montes

Hablaré de los montes afilados como estoraques; y veré crecer la casa a aquella altura de los poderosos entre las naciones. Me uniré al clam...