viernes, 23 de mayo de 2025

Guardo este cuerpo



Guardo este cuerpo
que parece caducar
como un viejo documento
en la esquina del cajón;

entre luces y sombras,
entre paños coloridos
de un ayer inalcanzable
que se muere

con el rastro del pezón
en la ceniza de tu boca,
con el líquido vaivén
adherido
a la pared enmohecida.

No hubo rincón
que no hablara de nosotros:

de los juegos a solas,
de las señales,
de las claves;

de tu halo de luz
atravesándome,

y de cómo te detenías
en mis ojos
para descifrarme,

para decodificar,
con tu pensamiento cósmico,
esos restos de meteoro
que alteraron los ciclos del tiempo

e hicieron emerger criaturas nuevas,
descomponiendo lo que fuimos,
sepultando un pasado
de razas gigantes
que no honraron al amor.

En nuestros rostros
vivían los crepúsculos
y el agradecernos
antes de dormir.

En tu boca quedaba
la manteca del chocolate
sobre mi helado de vainilla;

en mis manos,
la tibieza de tus campos,
el candor de tu jornada,

y el vino
tiñendo tus comisuras.

Y siempre tu olor,
desde el principio:

ese sudor tuyo,
como un narcótico
al que me hice adicta.

Ya no vale la pena llorar
sobre fantasmas
si flotas
del lado de la luz.

No vale la pena esconderme
en la herida quemante,
dejar secar mi sangre,
ni fingir otro temblor,

porque ya estuve
en el epicentro;

porque vi al árbol
sacudir
todas sus hojas perennes,

y vi caer su peso
entre mis brazos.

Se me vendaron los ojos
para no ver
su corteza al viento.

Hubo dolores impuestos
para olvidar;

pero ningún dolor
puede traicionarnos.

Fuimos
el uno en el otro,

como siameses:
núcleo y mitocondria.

Y volveremos a vernos
vestidos de blanco,
con la ternura en los ojos,
sin las penas
que nos asignaron.

De tanto fuego
se quemó la impureza;

prevaleció la inocencia
con la que nos mirábamos.

Ya no vale la pena llorar
sobre fantasmas.

Marcamos el aire
por donde fuimos pasando.

Y me he vuelto fantasma,
escondido en el rincón
de los despojos,

agujero negro
que se tragó tu luz.

Me acallo
como el secreto que fuimos...

Guardo este cuerpo.

        Carolina Varela
Editado Literatura 451



Texto original sin editar

Guardo este cuerpo

que parece que caduca

como un viejo documento

en la esquina del cajón;

entre luces y sombras

y los paños coloridos

de un ayer inalcanzable 

que se muere

con el rastro del pezón

en la ceniza de tu boca,

con el líquido vaivén

adherido a la pared enmohecida.

Y es que no hubo rincón 

que no hablara de nosotros,

de los juegos a solas,

de las señales,

de las claves;

de tu halo de luz atravesándome,

y de cómo te detenías en mis ojos

para descifrarme,

para decodificar con tu pensamiento cósmico

esos restos de un meteoro

que afectaron los ciclos del tiempo

y emergieron criaturas nuevas

descomponiendo lo que fuimos:

sepultando un pasado de razas de gigantes

que no honraron al amor.

En nuestros rostros los crepúsculos

y el agradecernos antes de ir a dormir;

y en tu boca quedaba la manteca

de la cobertura del chocolate

de mi helado de vainilla,

y en mis manos quedaba

la tibieza de tus campos,

el candor de tu jornada;

el vino tiñendo tus comisuras.

Y siempre tu olor desde el principio,

ese tu sudor como un narcótico

al que me hice adicta.

Ya no vale la pena llorar

sobre fantasmas

si flotas del lado de la luz;

no vale la pena esconderme 

en la herida quemante

y dejar secar mi sangre,

o hacer otro simulacro de temblor

porque ya estuve en el epicentro 

porque vi al árbol sacudir

todas sus hojas perennes

y vi caer su peso entre mis brazos;

y se me puso venda para no ver

su corteza al viento,

hubo dolores impuestos para olvidar,

pero ningún dolor puede traicionarnos.

Fuimos el uno en el otro

como siameses,

núcleo y mitocondria;

y nos volveremos a ver vestidos de blanco,

con la ternura en los ojos,

sin las penas que nos asignaron;

de tanto fuego se quemó la impureza,

prevaleció la inocencia 

con la que nos mirábamos.

Ya no vale la pena llorar sobre

fantasmas,

marcamos el aire por donde 

fuimos pasando,

y me he vuelto fantasma

escondido en el rincón

de los despojos,

agujero negro que se tragó tu luz;

me acallo como el secreto que fuimos...

Guardo este cuerpo.


viernes, 25 de abril de 2025

Esto que soy



Ya no soy la de antes

esto que soy

este edificio en construcción

como hueso entre tu carne

como corteza del cerebro

aferrada a tus nervios

como paredes de tus venas,

me vuelve volátil 

Y es que no puedo ser de otra forma

desprendida

desapegada

mientras me nombres

o me signes con tus dibujos

a mano alzada

con tus misteriosos elementos

trazándome la ruta en el viñedo

trazándome en la montaña

el camino para apacentarme

con tu sosegado cántico

entre vientos y acordeones

Y quiero ser mantequilla

en el pan

en el mismo pan que sale de tu boca

y que te engrandezcas en mis células

ser en ti tejido

ser ligamento

coyuntura

así como puedes doblarme

y dejarme intacta

y renovada

como águila en tu cumbre

Ya no soy la de antes

la frágil

aunque me derritas

porque al abrir la puerta

se derriban los muros

si te llamo

y tu nombre es fuerte

en esta mi tierra

y tu nombre cimbra 

con la persistencia de las aguas

tu nombre es parteaguas

en medio de los mares

y en tu embarcación voy en la proa

y tú en el timón gobernando la brújula

en ti soy más que madera y brea

y en tu dulce fuego

me haces nieve mojándote la cara

Ya no soy lo que fui

encadenada a la derrota

Esto que soy lleva la eterna señal 

de tus victorias 






lunes, 21 de abril de 2025

Ingenuidad



Violentaron esa ingenuidad con la que amamos

cuando de nuestras manos les entregamos

tierra provechosa con total desprendimiento,

esperando que miraran el árbol del centro,

el que embebe las aguas salutíferas.

Procuramos que en ellos no hubiera

rostros hambrientos,

procuramos que nada les doliera

pese a la vida

Violentaron esa ingenuidad con la que amamos

cuando cortamos la cinta y abrimos el paso,

y nos quedaron las heridas de la enramada;

cuando estaban en nuestros sueños

allanarles el camino, 

endulzarles la merienda.

Procuramos callar ese amor arrebatado

con violencia,

procuramos que ese sentir estrepitoso

de querernos no generara celos ni envidias,

y nos hicimos tan pequeños,

nos olvidamos de ser primeros

y fuimos últimos.

Violentaron esa ingenuidad con la que amamos,

y cuando fue el momento de levantarnos

de mostrar nuestra verdadera estatura,

el ardid estaba puesto como ciudad sitiada:

en sus rostros las celadas,

y bajo ellas la estratagema;

y en sus puños las piedras,

las raíces amargas

que guardaban desde la infancia.

Violentaron esa ingenuidad con la que amamos,

y te declaro libre e inocente,

y me declaro inocente y libre.







sábado, 19 de abril de 2025

Déjame estar en tu boca



Déjame estar en tu boca

como hueso de tu maxilar

en la dulzura de tu paladar

yo reposo con tus palabras

me sustento de tu sustancia

con tu música celestial


Déjame estar en tu boca

yo quiero ensoñar

las delicias de tu majestad

tú que me trazas el camino

tú que aligeras mi destino

siento que vivo solo contigo


Nada me importa

si me abres la puerta

Nada me importa

si me consuelas en tu huerta

tú que me rompes las cadenas

que me libras de condenas

contigo siento vale la pena

respirar de tu santo aliento


Déjame estar en tu boca

en tu saliva con barro 

para limpiar mi ceguera

pasé por el crisol y la hoguera

y mi llama aún alumbra

con tu fuego que deslumbra


Déjame estar en tu boca

fundirme en tu claridad

adherirme a tu unidad

pegarme a tu luz inmarcesible

a tu luz infranqueable, irresistible

me quiero inmarchitable, redímeme.


Nada me importa

tú me completas

Nada me importa

quiebras el yugo, se van las penas

contigo floto cual colibrí

de garganta negra

quiéreme con la misma fuerza

cuando me tejiste con tus proezas


Nada me importa

si yo te escucho

nada me importa

de la vanidad de este mundo

dame a comprender el paso del tiempo

las razones de los sufrimientos

para replicar solo el amor

para en tu gloria darte el honor





jueves, 17 de abril de 2025

La plaza



Antes de estar en medio de la plaza me marcaron como si tuviese varios dueños, como mercancía que se manosea y se tira, como plástico sucio que se desecha. He salido de repente por la puerta como toro inocente que sale sin saber de la estocada

Sin saber de banderillas mientras otros aplauden y beben licor en sus botas

Murmuran de una fiereza que no tengo, como si fuese el villano

Dicen: es bravo, pero he sido manso, he respetado al que hizo negocio conmigo sin yo saberlo, no le maté a sus hijos, ni le miné su casa, no comí algo indebidamente o diferente de lo que se me asignaba, no desprestigié su nombre inventando chismes, no me asigné medallas.

Han procurado matarme y sigo aquí, ando en pie, aunque he perdido sangre, y las estocadas no les han dado rabos ni orejas, no han salido en hombros como los distinguidos toreros con sus trajes finos como modelos de fiesta absurda.

Han procurado matarme y desde dentro y fuera, oigo a Dios decirme: sigue adelante. Y yo con la mirada sobre la arena le pregunto: ¿por qué celebran cada vez que caigo, por qué les alienta mi muerte, por qué suponen que soy el ganadero si solo soy el más frágil de los animales? Y me dice: te vuelvo fuerte. Y le pregunto: ¿por qué permites lo que permites, por qué se gozan del espectáculo de manchar mi nombre, de ver que respiro lento, de que mis patas se doblen? Y Dios me dice: Levántate, es pura envidia. Y yo me agotó buscando juicios que no existen, buscando razones que no comprendo. Y luego hacen convocaciones a sus dioses, con sus extrañas camándulas, y vuelvo y gimo porque se nubla mi vista, viene un ocaso del inframundo. Y Dios me dice: Pide por ellos misericordia. 

Me debilito, no veo ganancia de todo esto, si al menos mis carnes fueran a gente pobre, a los menospreciados del mundo. Pero los que hacen el mal no necesitan mi carne, tienen sus vientres llenos. 

Han lastimado mi paz, me han lastimado, ¿quién cobrará y de qué manera? No he provocado sus amarguras, no he querido aventarme sobre ellos pudiendo hacerlo, aunque eche espuma. Ningún poder tengo sobre ninguno de sus cabellos, y si algo viera yo del futuro como espejismo, no tengo el poder para dar o quitar la vida ni reponerla.

Y me di contra las paredes de esta plaza, buscando la puerta, el camino estrecho por donde huir. Y a Dios le vuelvo a pedir: dame el reposo, perdona todo, ten misericordia, desmánchame, vuélveme a ti.

Y se renueva mi piel quemada donde me profanaron y me pregunto: ¿Saldrán impunes? Y digo a viva voz: pronúnciate a mi favor, no calles, Dios.

Adán


Mi nombre es hombre fuerte, amante experto, ser de la tierra.

Soy libre y busco mi propio viaje, exploro el anillo en el insecto, recuerdo con claridad los lunares de la piel de luna.
He bendecido el mestizaje y me he perdido en los ojos inocentes de un gran territorio. Hubo para mí un lugar favorito, uno noble y paciente que me recordaba mi principio de polvo, y vivía atento a la novedad de cada poro abriéndose con el refulgir de vapores.
Los niños que no tienen prejuicios vienen a mí, abren su almud y me comparten sus semillas, saben que otorgo libertad y juegos apacibles.
Soy Adán, y fui treinta y tres vértebras pensando como cabeza, y soy cabeza gobernada por la deidad. Aprendí de cortezas y de frutos espinosos hasta fortalecer mis manos y dejar de temblar; pero aún tiemblo con los labios de aquel astro que descendió y se me puso en frente como un milagro, aún mi boca guarda el salar y me queda la quemadura.
Traigo llagas que arden como piedras volcánicas y van tomando formas hasta brillar y dar matices conforme al ambiente. Llagas en las que sembré mis árboles para dar frutos exentos de irreverencias. Y las aves me esperan, como me esperan aún los que no saben manejar su orgullo. He debido tender la mano a los que carecen de entendimiento. Pero de mí nada procede, ni la inteligencia ni la sabiduría.
Y me sacio en medio del mar, de aquel pozo donde debo traer mi agua, y me he regocijado en todas las aguas limpias que me edifican. Soy la cuarta parte de la columna de agua que sostiene al mundo, soy palabra y a la palabra vuelvo como oxígeno y sangre, como hueso y músculo.
Soy Adán y Karl, pero Dios me hizo mujer.

domingo, 13 de abril de 2025

La casa (2013, recuerdo de 1986)

 


¿Cuándo volveré a ser tu bufanda, padre?


Aún oigo el rugir de las motocicletas
que giraron en el circo del domingo;
aún las cintas que bajaron tu féretro
descuajaron algo dentro mí,
(dolió saber las chispas de tu risa
apagadas con la tierra);
pero nunca escuché
las mordeduras de las ratas
que asolaron el techo de la casa,
los hombres raptados por las sombras
a las 6:30 de la tarde de ese martes.

He olvidado los chistes, padre;
tus amigos no me convidaron
a sentarme en el andén,
ya no juegan fútbol como antes,
no hay quien los lleve al río
a chapotear en sus aguas.
¿Ahora sabes del guiño
que a tus espaldas hicieron?

Te dejamos en tu cumpleaños veintinueve
flores que adornarán tu cabello verde
limpiamos la ventana gris
que mantienes cerrada.
¿Escuchaste mis padrenuestros, padre?

Hoy cumplo diez y me cuesta mucho
develar la alegría entre las nuevas muecas
que poco a poco aparecen en mi rostro;
todavía recuerdo mi muñeca a mis seis,
la billetera rosada y los pañuelos
que no guardé para la borrasca.

Padre te llamo para avisarte:
mi madre vendió el auto y la casa;
ya no voy en los patines
después de hacer la tarea,
también cambiamos de escuela,
vivimos en aquel barrio
donde jugabas al escondite con ella
y la meciste con tus fragancias.

A veces la rabia me tiende lazo
cuando el insomnio se atraviesa
con la sed pegada a la garganta;
y a la madrugada, en los pasillos te clamo,
te hago preguntas
¿Por qué no me llevas, padre?
Y luego recuerdo que varias veces dijiste:
-Carito, eres el hombrecito de la casa-.

Desplazados

  ¿A dónde se fue su risa y solaz, a dónde se fue su calma su paz, el rayo de luz en la oscuridad? La ronda infantil se fue a senectud, el s...