jueves, 12 de diciembre de 2024

Viento



Me vuelco,

me arremolino,

abro camino a mis corceles;

me desbordo por el peñasco,

saco mis alas

para cabalgar por los aires

tu lugar alto de lagos azules

donde me retienes.

Tú ves mi furia de cascadas

como si me desbocara,

yo veo en ti una prisión

con barrotes de mermelada.



Elegía


Suenan las flautas en el viento recio,

Alaska en el oído de la península;

y sin embargo, una isla

sobre la silla vacía:

este fantasma hueco y tu ausencia.

Siento los habilidosos dedos

totalmente huérfanos;

esta tos del desamparo

este ahogo, esta disfonía;

y después del charco: la grieta.

Miro el velero a la deriva

anclado en la roca

donde los albatros chillan;

y los ojos más cerrados que la noche,

y tras los párpados el relámpago.

Pareciera una distopía:

mi cuerpo dejó de ser mortaja

sobre tu cuerpo dulce;

al pechiamarillo le vino la ceguera.

¿Y la armonía después de la caricia?

solemne calla la cigarra,

la oda se ha borrado;

expira el fragmento del poema

consumido en la hoguera de la herida.



lunes, 9 de diciembre de 2024

Exuberancia



Era el tiesto con el que Job solía rascarse;

era la llaga abierta

para quitar un trozo de furia atascada,

la desazón de una tiniebla;

y pisaba constantemente la rebeldía

para que no hablara.

¡Agacha la cabeza! me decía,

agacha la cabeza para hallar

tesoros ocultos entre larvas;

y fui juntando las monedas,

buscando la exuberancia de lo sencillo,

sin raptos, porque se ama.

¡No pronuncies palabra! recordaba,

no pronuncies palabra a oídos 

taponados de filosas piedras

porque ya trajeron la hemorragia

y en la sangre está la dignidad que resta, 

el remanente queriendo subir la cuesta.

¡Recuéstate en la piedra! me imponía,

recuéstate en la piedra donde

un pueblo se levanta,

y me hice hierba para aprisionarla,

y fui en ella mancha de agua.

¡Escarba en su fuego! intuía,

escarba en su fuego pleno

de constelaciones y esperanzas,

y fui un sol naciendo de sus manos,

y fui hiedra florecida en sus murallas.


9/12/24

jueves, 5 de diciembre de 2024

El poder del amor



Cuando te siento prolongo mi vida,

me reconcilio con el mundo,

parece que al fin

una caricia verdadera me tocará;

y es que eres mi alfombra mágica,

mi príncipe encantado sin castillo,

más tu escudo alcanza para los dos.

Si por ti le robé al dragón el fuego

y se fue mejor a nadar con los cisnes;

si tumbé a las mujeres

que se subieron al árbol

que malgastaban tu nombre.

Tú me ayudas a ver los enemigos

con armas de goma,

y a entender que colisionan

con sus propias palabras.

Cuando siento tu poder sublime

me pones tan enferma de amor

que no quiero desinfectarme,

más bien pienso

propagar el virus.

Amarillo violeta


I.

¿Eres acaso un sol dulce,

desvaneciendo el gris?

Girasol, hay una lámpara a punto de encenderse

donde no se esconde el llanto,

ni merodea la tristeza en los rincones

a la espera de la palabra ajada.


II.

Ilumínate en esta noche

antes que regresen los pájaros de Orión

a reclamar la espada centelleante de tus manos,

el amor puso en ti su sello.


III.

Lavémonos para la fiesta

que el viento ha expandido el corazón de una violeta

ha ensanchado su tienda de campaña

para el desposado, para recibir el polen

mientras dure este insomnio.

Rojo y negro




Esferas escarlatas enmohecen

destellos de sol sobre la leche derramada

-bramidos de sal y limón

en la zanja abierta de la arena-


¿Quién le hizo comer ese alarido

de camello con su joroba abierta?


Mantas ocres cubren la flor

incipiente del verano,

pétalos de sudor en el desierto

y los pies hundiéndose

en la hipocresía del mundo.


La nostalgia tiene el cosquilleo

de las dunas (siempre heridas).


¿Acaso puede haber nostalgia

del mañana, del olor a tortas

proveniente de los grandes hornos,

cuando la ausencia se aproxima

certera a la hora del desayuno?


¡Aprieta bien los ojos,

por si llegas al cielo primero!

Aprieta tus delgados nudillos

que es posible que tus manos vuelen

hasta la frontera trazada por tulipanes;

aquí saboreamos la muerte

como cubos de hielo, los que creemos

en los banquetes celestes.


Los que huyen en tumulto les cuesta congelarse;

los empujones hacen que amen el exilio

mientras se dibuja una caricatura agreste.


¿Han nacido para ampararse

en las gotas escasas de la lluvia

que recogen en tinajas?


A los poderosos no les disgusta

que bebamos el agua turbia,

ni usemos el velo cegador de la ignorancia;

cada vez más nos azuzan en la olla

para que no salgamos de ella ni en burbujas.

También nací en un país de procesiones forzadas,

conocí el camino de mariposas negras

tatuadas en las piedras que nos cuelgan del cuello.


Río abajo, río arriba, los encontramos:

-Mucha claridad mojada para tantos escombros



que de tanto herirnos nos suturan-.

La orfandad tiene rostro de papel corrugado.


Ven, bauticémonos Lázaro a ver si resucitamos;

a ver si cambiamos esta masa de incertidumbre

por el Pan de la Vida, nosotros que comimos

la vieja levadura, que dormimos con sed;

a ver si nos miramos con la contemplación de los niños,

y no con la larva que carcome los ojos.

sábado, 30 de noviembre de 2024

Voz nativa



Vienes a mí con el penacho puesto

para iniciar el ritual.

Yo me poso a tu lado con sigilo

como gorrión en la sabana.

Se me aguan los ojos

cual sabueso que distingue

tu aroma de alelíes.

Hincho mi deseo

para que escuches

de mi cigarra los timbales.

Comienza la danza;

te hago sentir

el cuero de los tambores;

pongo luciérnagas

sobre tu hierba húmeda.

Tú, afinas tu oído cual elefante;

yo te canto mi amor

con sonidos onomatopéyicos.





Desplazados

  ¿A dónde se fue su risa y solaz, a dónde se fue su calma su paz, el rayo de luz en la oscuridad? La ronda infantil se fue a senectud, el s...