domingo, 24 de noviembre de 2024

Tempestad

Museo iconográfico de Don Quijote


Carga mi nube con tu tempestad;

quita la dureza, la liviandad;

aprisióname en tu libertad,

dame porción de la eternidad.

Quita el enojo, la irreverencia,

la apatía, la indiferencia;

acércame a tu claridad

porque es cansina la vanidad.

Mira mi corazón compungido,

mira mi lecho vacío,

el sequedal, el desvío;

las manos hambrientas del afligido.

Mira mi entraña, dame la calma,

quita mi prisa, también mis ansías;

tú eres deleite, mi ambrosía,

quiero que seas mi propia vida.

Extiende mi alma en tu escondite;

líbrame de perder el salitre,

dame tu magma, voy al convite,

seré la estrella que en ti orbite.

En ti son hechas todas las cosas

la plenitud de dulces rosas,

eres perfecto entre los lirios,

allí en tu palma sé mi delirio.

No me avergüencen mis enemigos;

tú das amor, haces amigos,

y que mejor es ser un ungido

que levanta al desvalido.

Sea tu fuego de pies a cabeza,

limpia de mi oro las asperezas,

sea diamante de alta pureza,

vuélveme a tu naturaleza.

Lávame en la fuente luminosa;

son tus brazos mansión portentosa,

acúname, hállame silenciosa

entre tus fieles, sea la esposa.


24/12/24


sábado, 16 de noviembre de 2024

Recuerdos

Me acercarás a la estación de la radio

y sonará nuestra canción

yo te preguntaré sobre el amor

tú me hablarás de la sencillez del corazón.


Las manos se han impuesto 

para recibir la bendición

del que me hablaron las doncellas

del que me contaron todas ellas

me llamará por mi nombre

me cambiará aun el nombre

me otorgará librarme de la venda

me hará como la vendimia en el lagar

su vino sobre mí derramará.


Llévame al cuarto iluminado

dime quién vendrá

quién caminará de tu santo lado

oiga yo tu voz gloriosa

oiga yo de tus portentos.


Eres quien confía en mí

quien me hace vivir confiada

dame tu escritura sagrada

quiero ser tu bienamada.


Eres tú mi privilegio

vea el cortejo impoluto

no sea yo un disoluto

hazme parte de tu estrategia

no sea yo un anatema

quítame hoy las cadenas

porque quiero mi condena

escondida en tus misterios

como parte de tu luz

del prístino ministerio.


16/11/24


miércoles, 13 de noviembre de 2024

Déjame entrar (canción)




Basado en el sueño de Leidy y la Hermana Ma. Luisa 27 oct 2024

Déjame entrar, déjame entrar, quiero estar en tu palabra, ser una letra de tu pensamiento escondida en tu claridad, ábreme la puerta, limpia mi afán. No tenga mi bolsa vacía, no tenga mi cuenco roto, necesito agua de vida. Déjame entrar, déjame entrar, hazme un fotón de tu eternidad, que no puedas negarme, que no pueda negarte y en tí prendida estar. Ábreme la fuente de tu corazón, escóndeme en la gloria del Espíritu de Dios; quítame el plástico, quita mi vanidad; cada ciclo de un tiempo hay un milagro para la posteridad. Déjame entrar, déjame entrar; estableciste sacerdotisa en lo sumo de tu majestad. Sana mi alma, afirma mi casa en la rosa abierta, dueño de los vientos de la libertad. Quiero ser un punto en medio de tus secretos, que albergues en mí tus santos misterios. Déjame entrar, déjame entrar en el gozo de tu justicia porque tu ley es franca sonrisa, y yo tengo sed de tu suavidad. Pusiste un tabernáculo, estableciste especial concejo; en ti perdure, en ti madure asida al resplandor de tu verdad. Déjame entrar, déjame entrar. Oct 28 2024

domingo, 3 de noviembre de 2024

Sin asunto


Suenan las trompetas para esta distancia;

la efervescencia inversa

ya no implosiona en la entraña;

los advenedizos oxidan los utensilios

y enseñan los despojos.

La mujer de Lot reaparece,

su fantasma merodea laberintos.

¿Lloraré con la melancolía del violonchelo

sobre su base de sal para derretirla,

antes de que se forme su cabeza?

A veces me arrastra el desarraigo,

me hala de los cabellos,

y soy sólo una mente que flota.

Se imponen manos 

cuando la oscuridad nos persigue

se han desvanecido algunas sombras

pero no su furor.*

Escalo la estatua de la justicia

para quitarle su venda,

descubro sus ojos con cicatrices.

Ojalá los clavos no alcancen mis manos,

yo que acostumbro a esconder mis cruces.

La nieve de la montaña se remueve;

no así mi casa, ella tiembla y sigue en pie

como el pie que me afirma en la cuerda.

¿Cuántos castillos pintamos en el aire?

En el interior, la mansión tiene su hoguera,

no seas el rinoceronte que la apaga.

La espada nunca dejó de asomarse por la boca.



*texto original, fue modificado



Chocolate y canela


Aromado rastro de la escarcha, en octubre,

un monolito se derrite 

y es dorada ofrenda de maíz nativo;

un fósil de caña renace hinchado en algodón.

Oscuro y profundo el chocolate

deja su amarga crisálida 

para fundirse en la miel que empalaga

hasta que saliva la entraña.

Chispas de canela explotan 

en los labios acuosos,

como un picor de jengibre en las papilas.

¿Llamaste a los vientos que despeinan el Sahara?

Trajiste un incienso de Petra

y la mesa estuvo dispuesta para darnos

de las ovejas el cobijo.

Nada astilla más que el rumor

de un invierno sin ti.

Blanco azul

Languideció aquella tarde:

pesaba la infinitud de tu luz

entre las espinas de las rosas,

el oprobio supo rasguñarte

aquellos poros que guardaron silencio.

Procuraste la mudez 

para escuchar las voces de los manatíes,

el trompeteo de águilas caídas,

las alas vaticinando el viaje

y un secreto desmembrado descendiendo 

por la vendimia impoluta.

Fue el abrebocas de la danza jubilosa

en el lagar prístino,

el vino trasvasado a las copas.

¿Cuánto fuego hay para esta sed?

Tu agua salutífera se desborda

y somos limo blanco que arde,

hay alborozo en la puerta de la mudanza

por las arcas inundadas de la primigenia

Estrella, en estallido de azul.

Silencio de Roca

(Foto del encuentro Vuelven los comuneros, en mi recorrido por Santander, acompañada de personajes importantes, entre ellos los maestros Ramiro Lagos y Fernando Soto Aparicio).


En el lecho de este mar sin nombre

la roca me otorgó su silencio,

y sólo supe evaporarme con su sazón;

como una mancha de rocío,

como una hoja arrebatada por el viento.

Es cierto, volé, volé sin alfabeto

y aún con aura de poesía,

diseminé migajas de ardiente astro

en la corola expuesta

por cada saeta desollándome.

La hiedra apresaba los muros,

y suricatas hambrientas excavaron

debajo de las piedras,

se difuminó el verde agua del gemido

ante el etéreo discurso del amor.

Desplazados

  ¿A dónde se fue su risa y solaz, a dónde se fue su calma su paz, el rayo de luz en la oscuridad? La ronda infantil se fue a senectud, el s...