domingo, 25 de febrero de 2024

Invisible





Esa voz de clavo hincado es mi certeza
Esa ráfaga de luz cruza los umbrales 
Y me hace presa del sueño irrepetible, interminable
De esa nube de prodigios insondable
me alimento me reparo como un ave
que ha luchado contra todo viento
La palabra me sustenta me doblega
es el río caudaloso que me anega
que me arrastra hasta la cumbre
por su lumbre la siega y la cosecha
Esa risa que me graba cual presea
en el fondo de mi alma insatisfecha 
y me calma con su canto y los violines
y me asigna el palpitar de serafines
Son sosiego esas sus alas a los ojos invisibles
su espíritu dulcísimo no puedo resistirme
Él me mima como nadie y ha tejido
en el borde de su manto mi destino. 

25 feb 2024

Me voy

 

Me voy sin haber llegado,

me abstengo, me hago a un lado

para que pasen las estrellas

que te han mirado con ansias.

No sé lo que buscan tus manos

aunque en la ciudad coincidimos;

pero estuve ausente y fui sombra

como si tus ojos fueran inertes.

No tropezamos en la balanza, no;

tal vez nos abrazamos sin tocarnos

mas no nos vimos de frente;

me apago, me voy apagando

por esa hoguera que tú provocas,

me uno al agua, me uno al viento

pues vas lejano, no me convocas.

Soy estela de una nave surcando el cielo;

soy el vapor del tren, me desvanezco;

me voy sin haber llegado,

y no sabré de tu perfume;

y guardaré las piedrecillas de ámbar

que no se tiran a los charcos.

Me voy con el libro deshojado;

no recogeré las huellas de tus dedos,

ni marcaré mis muslos con tu nombre;

tal vez ni notes cuando me marche

entre el frío y el silencio de esta noche.

Yo fui una onda que trazaba tu velero;

ahora un cabo roto, aunque completo

por esta pausa en medio de la prisa

para quitar la arena de mi cara;

y resguardarme cual colibrí de cola

ancha en esta orilla del invierno.


sábado, 23 de diciembre de 2023

La Luz no envejece


"La luz no envejece"

Aquel amanecer donde tú estás limpiándome,

como se lava a un moribundo,

como saca de un coma profundo,

la agonía, el sufrimiento que suele heder. Ese dolor de desprenderse de la materia,

esa necesidad de volver a nacer,

ese cultivar lo incorruptible;

y tú tan paciente esperándome.

Voy a tu luz que no envejece,

voy a tus brazos a envilecerme

con ese canto que hizo un rey.

Voy a dejar mis ropas ásperas mi desnudez,

dejaré de rapar mi cabeza también;

los escalones veo a mi paso

y que tu luz sea mi lazo

para asirme de tu esplendidez.

Quiero mi llave para tu puerta,

y ese corazón que me traes en tu bandeja;

quiero olvidarme de la basura

que me tenía en sepultura.

Debo sacar de mi alacena

la comida echada a perder;

debes barrer muy bien mi casa,

sentarte en mi mesa,

y en tu infinito fuego ponerme a arder.

Voy a tu luz que no envejece,

voy a tus brazos a envilecerme

con ese canto que hizo un rey. 

martes, 19 de diciembre de 2023

Visiones antiguas I



Sumer

(Abram)


Rozas con tu sandalia la hierba crecida de los humedales,

peregrino de larga túnica y báculo.

Tu mano fuerte tiene el anillo de los patriarcas,

guías al séquito y apacientas las ovejas;

siempre habrá un abrevadero para esta sed.


¡Oh, benditas tus barbas blancas!

Tus mejillas son ciruelos cortados,

y en tus labios hay una profunda esperanza.


¿De qué era de oro has venido?

¿Quién puso aquel aliento en tu sangre

perpetuando las alas de la libélula?


Lejos de los pedregales, la piedra habla;

atrás quedaron los peldaños del Zigurat

y los trozos de madera que conducen al abismo.


Bendito el misterio de llevar

los cuatro ríos en el corazón.





Edén

(África)


I

Alrededor del bosque tropical,

tus hombres delgados, de torso desnudo, reposaron;

la abuela, de pechos caídos, cargaba a los nietos; 

en ellos no hubo malicia, 

ni tiempo que les envejeciera.


II

No existió humo de sabio que te advirtiera

del sol quemante sobre tus orillas;

la piel con sabor a manglar y a sal;

el doloroso tueste del café;

las grietas por las sequías.


III

Como florecilla cayendo sobre la grama,

volverá a ti la sustancia primigenia

a cerrar las fisuras de los azotes

en tus espaldas fuertes;

a sanar las magulladuras de tus pies, 

porque en tus pies caminó el mundo.





Jardín del Edén

(posiblemente ubicado donde está en Golfo pérsico)

I.

Soy la monstera deliciosa,

mis dedos se hunden en la tierra más fértil

para luego pintar el cuerpo de Adán;

Él pone hierba en mi cintura,

y en mis caderas no hay vergüenza;

nuestras guedejas sudan amores.


¿Podré peinarme como una doncella

con filamentos de plantas?

Mi amado tiene el cabello ondulado y castaño 

como la corteza de un árbol frondoso

sedoso como el más sutil de los vientos


Sobre nuestras pestañas ha caído

el rocío cristalino de la inocencia

y somos como los que sueñan

con las nanas para los recién nacidos.


II.

¡Oh, dolor de parto y de hijos perdidos!

¡Oh, dolor de muerte nos ha sobrevenido!

La tierra fue herida con la cizaña;

la víbora me tendió lazo,

raspé mis rodillas.

¡Ay! ¡Adán, solté tu mano!

III.

Bebí la cicuta

y pesaba en la entraña;

parte de mí fue lodo, 

parte de mí algodón.


El lienzo fue recogido;

el mar embraveció las aguas.


Al cruzar la puerta

sentí los pies descalzos,

las enredaderas;

hasta el amado dolía.


Fue sobre Adán

aquella cicatriz con puntos de sutura;

diariamente le limpio la sangre que arde 

sobre la tierra pegada a la piel.



La sombra de una mano sobre el arcoíris

(Salomón)


¿A dónde tu corona real 

de forjado amanecer brillante y piedras preciosas;

tu túnica de seda aperlada, brocada, 

y cintas rojas?


Tus pajes de trajes blancos

son plumas mecidas por el viento. 


La cocinera corpulenta y las doncellas

que le asisten cubren su cabeza,

preparan tu banquete en bandejas de plata

y disponen los cubiertos de oro,

como plantas enceradas de verde intenso

en el jardín de los aromas.


Ha caído la noche, y a la luz tenue

de una vela egipcia se vislumbra

la puerta abierta de un aposento;

la sulamita de cabello ondulado reposa

sobre cojines azul turquesa con borlas;

ella es la maja de un mortero

machacando el cardamomo

y en cada epístola saca de ti

el fino aceite del sésamo.




Un rey acompañado de sus siervos

pacta contigo, te otorga la hija 

que no se atreve a mirarte a los ojos;

y tú te debilitas cuando se deshojan las rosas.


Antorchas iluminan el pasillo,

los grillos cantan;

y cada esencia de mujer

se mezcla con el aire gélido 

formando un vaho en el espejo;

los vestidos reales se rasgan.

¡Ay, de ayes, las manos pequeñas 

que ruegan el deseo de tu pecho cansado!

Te han fatigado, te han vuelto ecléctico.


Sobre el escritorio, las peticiones

que llevan tu sello;

y el observar todo aquello que declina:

la vegetación de tu patio,

los jóvenes mareados, 

la espada ensangrentada del soldado.


Y olvidaste la madera hermosa

con largas vetas del sándalo

el esplendor del templo

la gloriosa virtud de los cielos.


¿A dónde la dignidad de tu fama,

la medalla dorada colgada en tu cuello?

Traes el pañuelo púrpura en tu mano

para limpiar el sudor del desaliento.


¿Perdiste la camisa por esos reptiles,

doblaron tu capa?

Caen lágrimas de tu alma compungida

por cada estatuilla de arcilla y de barro;

quieres ser de nuevo el musgo

que absorbía el agua de misericordia;

y sujetarte de la raíz primera,

la que reverdece a Aarón su vara;

tu llama languidece.


Duermes en la sala esplendorosa;

los varones gimen por la efímera grandeza,

las concubinas se vuelven a sus cámaras.

Tus músicos tocan arpas y salterios,

tus cantores cantan endechas. 


El caballo bermejo llora,

tiene un lamento en su mirada;

los jinetes limpios se desarman.


La mano justa vino a hacerle sombra

a la esquina de tu arcoíris.


sábado, 28 de octubre de 2023

Recuerdos en este sin tiempo


I.


Desvaneceria la mancha de vino en su boca;


y volvería ese raudal de agua fresca a golpear el acantilado,


contemplaría el océano en calma;


si en esa tu gloria fuéramos hombres de nuevo.

II.


Éramos en la cordillera sin divisiones;


y aprendimos a abrir la puerta de los cercos para resguardar el rebaño.


Aun me dejaste la llave para salir a apacentarlo.

III.


Acomodo poco a poco el lente de mis ojos;

me aparto de esa tela negra y áspera.


Voy lavando la ceniza de mi cara como la hija de Jerusalén,


después la hecatombe y el largo silencio de la noche oscura.

IV.

En este cuarto de luz

donde las águilas vuelan en círculo,


ha descendido el relicario con la tiara y tus dones de oro,


ese regalo de quedarte en mí para siempre.

V.


El corazón apacible,


un trozo de carne perfecta y limpia,


ya no sangra más;


solo debo arroparme con el cobijo


que me brindabas cada día.

VI


Y fuimos una sola carne:


dolor, angustia,


alumbramiento, exultación.


sosiego, paz;


los aromas como un riego nutrido sobre el campo;

dos libros escritos unidos por la misma mano,


hechos manantial y esperanza.

VII

Se me permite verte volar...


28 de octubre 2023



Te amo Fausto González

jueves, 5 de octubre de 2023

Preguntas


Visitante en la playa, Rosarito, B.C.


¿Por qué debí dejar todo lo que nos signaba, tan de repente?


Esa manera del Hombre de amputarnos los brazos,

de golpear el calcañar,

y cavar más hondo la fosa...


Las fotografías no traen caricias tibias

ni esa chispa de sentirnos vivos

aunque fuésemos tormenta y calma,

cerezos en primavera y arces rojos.


¿Subir a los trapecios fue menos que polvo,

y todas las emociones vasijas rotas?


Le preguntaba por qué no oyó la voz cuando se acercaban las góndolas,

cuando le invitaban al mar cristalino.

Pero él solo veía las golondrinas y los alcatraces,

él solo recordaba cuando alimentamos a los pelícanos y a los leones marinos;

él no miraba la proximidad del incendio

cuando vimos correr en la playa a los perros.


¿Quién atracará en este puerto que ha sido desdeñado?


¿Por qué mostrar los dientes manchados, las lenguas del desconsuelo?


El agua inundaba el patio, la hierba se fue marchitando, y no podía oler los chiles dulces.


¿Fueron presagios el muelle solitario y la alhóndiga vacía?


Le pregunté por los trazos de futuro dibujados;

por la puesta en escena y la obra inconclusa;

y se sentó en el sillón con aspecto de hombre nuevo,

me miró, y solo extendió sus manos y en ellas, un corazón limpio.

5 de octubre de 2023


sábado, 30 de septiembre de 2023

Desarraigo

Adportas del invierno. estuvo lista tu maleta con la ropa pulcra.

Los gatos huérfanos lloriquean en el muro que se desprende.

Poco a poco sin el techo y la pequeña columna del centro, no hay paredes firmes; cada uno habla su idioma en aquella Babel.

El perro gime porque quiere amores, reaprende las señales de otros.

Desde este flanco cala el frío y quema sobre la piel enrojecida de tanto azote.

Han escalado sobre nuestras espaldas con zapatos puntiagudos.

Detrás de la neblina viven tus ojos

y esas manos que juegan con el hijo sagrado.

Soy como una pulga que vislumbra lo alto de los montes.

Ya no puedo ver, ni oír nada, solo divago sobre mi eje.

He perdido la raíz que me sujetaba a esta tierra lejana; y debo sembrarme a mí misma, despojarme del cascaron para nacer...


1 oct 2023

Desplazados

  ¿A dónde se fue su risa y solaz, a dónde se fue su calma su paz, el rayo de luz en la oscuridad? La ronda infantil se fue a senectud, el s...