domingo, 13 de abril de 2025

Isabela (A Isabela Santander Varela, agosto 2013)


Tus manos hipnotizan los pájaros en vuelo;

los micos reposan y son tímidos;

el león descansa con las cebras

en la pradera iluminada.


Todo es posible bajo tus párpados:

difuminas el azul con el ancla

que dibuja los sueños marineros;

clarificas el negro de mi congoja.


Tu pincel salpica luciérnagas

a la hora del concierto de los grillos;

fresca es la noche en la memoria

de tus bosques fluorescentes. 


Tú eres como dijo Alfaro

un rayo de luz que corta

el cabello de la lluvia.

Obsesión (Cuento, 2013)



Cuando era niña empecé a notar que la gente alrededor más grande que yo le cambiaba el rostro; esto me causaba expectativa, así que decidí preguntarle a mamá y me dijo: son arrugas, usted va a tener cuando sea grande, o si no ¿cómo piensa ser grande?.


Mi inquietud creció conmigo y decidí superar cualquier obstáculo para verme como diosa griega y tener la longevidad de un patriarca. Mi batalla no fue en vano: empecé a descubrir una serie de alimentos y era grato a mis oídos escuchar y a mis ojos leer todo lo que decía antioxidantes, vaya palabra tan dulce.
Ya sin oxidación por las fresas, los arándanos, las frambuesas, las moras, las granadas, por el omega 3, los frutos secos, descubrí los beneficios de las vitaminas como el betacaroteno de la zanahoria, propiedades reafirmantes como el Q10 de la leche. Y mi olor a frutería y a lechería fue evidente.

Así pasaron los días de manera perfecta nadie sabía mi edad. Personas a los veinticinco ya usaban cremas y a los treinta y cinco se desmanchaban la piel; entonces, aprendí que la avena quita las manchas, que la caléndula desinflama. Además no sonreía, no lloraba, procuraba no enojarme para ahuyentar cualquier línea de expresión.

Hasta que un día pregunté muy segura de mí a una nueva compañera de trabajo: ¿qué edad crees que tengo? y no sé como hizo aquella novata, ¡infeliz! que usa el secreto de Dorian Gray, para adivinar mi edad. Me dije algo anda mal, no dejaré ni siquiera que mi foto se envejezca. Así que leí, leí mucho, vi que la gente abría el directorio al azar, yo sin encontrar respuesta hice lo mismo, y ¡Bingo! decía "prestamos servicios físico-espirituales, se embellece el rostro", así que acudí al paraíso hasta que mejoré considerablemente; no tuve que ir al programa de diez años menos.

Un día retornó la vejez, ésta vez prematura; cuando me vi grité un ¡NO! rotundo. Recurrí al Internet, empecé a buscar las recetas fui a las especias y otras plantas: la menta, la albahaca, la lavanda, el tomillo para embalsamar y me dio alergia que seguro no la tuvo ningún faraón egipcio. Con la piel enrojecida usaba ropas largas, gafas oscuras, botas, turbante, me sentía como el cuerpo de Nefertiti (encontrado por fin) en mal estado. Me encerraba, no salía a la luz, si debía trabajar agachaba la cabeza como un esclavo y medio alzaba la mano para saludar.

Triste por lidiar con el tiempo sobre mí, todo por esa compañera que adivinó mi edad y me complicó la vida, busqué en los animales, en las flores perennes como la siempreviva y otro gran descubrimiento: las águilas se renuevan, bueno ¡aquí me quedé! Cada vez que la luz en mis ojos se apaga sé que envejezco por dentro y por ende se me nota por fuera; esa es mi alerta, por eso estoy atenta sólo a la diminuta luz de mis pupilas. Superada mis cataratas de los setenta, la vida parecía fácil mirar dos lentejas brillar frente al espejo cada día (eso no es nada), lo duro a mi edad es subir a la peña donde las águilas rejuvenecen y tener cuidado de no irme de bruces contra el abismo.

Pasada esa etapa empecé a enterrar a todo el mundo y me sobrevino la tristeza. Medité que tener varios maridos estaría bien para mí, yo que me doy ínfulas de artista, no hay problema un escándalo de vez en cuando. Y la gente empezó a pelear conmigo porque terminaba siendo la heredera de los que partían. Mi empeño en cumplir los doscientos años me estaba debilitando con los pleitos: pagar abogados, sacar copias de mi acta de nacimiento, de mis actas de matrimonios para llevarlas a notarías, mostrar mi grado de consanguinidad, en fin, tanto lío que no sabía que hacer, pensé necesito las fuerzas del búfalo; y en este momento voy de peregrinaje entre los mercaderes, para encontrar al que me venda el ADN de los cabellos de Sansón.

Conversaciones con Fausto I enero 2012



Fausto escribió:

Lluvia

En intenso secreto se derrama

todo el caramelo de tu alma

la dulce suavidad de tu belleza  

mojada en el perfume de tu boca. 

 

Siempre llueve, busco el nido

donde entibiar mis sueños,

la húmeda marea de tus océanos

la abrasadora arena de tus playas,

el muelle para encallar mi herida,

la íntima delicia en tus azahares.
 

La lluvia cubre tu fragancia

que sabe a tierra, a paz, a pena,

sabe a pan, poemas y silencios,

a la ausente lluvia de tu espalda.

 

Mi respuesta

¡Llueve!

 

El frío se vuelca hacía nosotros

como una montaña de recuerdos

la neblina devela la nostalgia

de los besos de agua

expandidos en la cordillera.

 

Precipitada la nube amorosa

salpica los tejados

caemos a contraluz en el charco

donde se mueve el reflejo

del paisaje que fuimos

¡Llueve!

 

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Recuerdo de su llamada en el Muelle de Puerto Colombia, lo puse a escuchar el mar...

 

La espuma trae escuadrones de combatientes

sobrevivientes de naufragios con sus banderas

el amor de Meira que levanta la salobre brisa

y tu voz que viene como mensaje en botella

-huella indeleble sobre mis armas de guerra-

 

La espuma trae atarrayas llenas de estrellas

el canto trepidante del pescador que silenció

bulliciosas sirenas y venció impúdicas olas

se va con Alfonsina a desvanecer este dolor

en el último lamido del mar sobre la arena.

 

La espuma retorna con el sudor de la luna

con la rítmica contracción de las medusas

a despuntar el alba con el beso en los ojos

recordando el estero que ocasionó tu lluvia

en este llano de lirios convertido en muelle.

 

La espuma atraca con sus naves cargueras

viene agitada con el trueno que te nombra

anuncia al acantilado socavado por la herida

la ruta marinera que desconoce fronteras

y pregona tu periplo en pequeños ungüentos.

 

miércoles, 2 de abril de 2025

Aleluya II



 ¿Tendrá mi boca el verso que te cautive

como tú tienes dominio sobre mi oído?

¿Quién llenará tu vientre tan exquisito?

Cae sobre mí como cien relámpagos

Sobre mi tierra llueve provechosamente 

como pólvora en festival enciéndeme 

¡Aleluya! ¡Aleluya!

¡Bendita para siempre tu simiente,

la raíz de Isaí, mi excelso fuerte!


Me has forjado un escudo de hierro

Tu mano me dará de los pilares la fuerza 

escúlpeme en lo oculto de tus certezas

Me moldeas como barro bajo tu lumbre

las huellas de tus dedos imprimes

mi ser nombra día y noche tus vides

¡Aleluya! ¡Aleluya!

¡Bendita para siempre tu simiente,

la raíz de Isaí, mi excelso fuerte!


¿Brotarán los cantares en mi casa?

¿En la integridad de efusiva alabanza

probarás de mi bocado con templanza?

Duerma en tus brazos, oh esposo

yo que te soñaba desde la infancia

yo que dependo del aire de tu estancia.

¡Aleluya! ¡Aleluya!

¡Bendita para siempre tu simiente,

la raíz de Isaí, mi excelso fuerte!




sábado, 29 de marzo de 2025

¿Despedida? (Canción para JFGM)




Por camino de pedregales

afrontando cada piedra

yo te hallé como la hiedra

inquieta que se expande


Y fuiste espuma ingrávida

el rumor de verdes olas

el beso entregado a solas

en la tarde serena y cálida


El hotel de mil setecientos

de paredes altas y antiguas

resguardó nuestra huida

escuchó el sosegado acento


Secretos compartidos

agua y luz en el estero

al tañer de los panderos

el viento recio y su resoplido


La promesa descendiendo

como cascada infinita

de una llamarada bendita

que nos estuvo envolviendo


Pido que aquellas cenizas

tomen la precisa forma

tú eras mi perfecta horma

y me quedé hecha trizas


En la casa tan vacía

hay un eco que me aturde

y me resulta insalubre

que te llevaras mi vida


Esa orfandad tan atroz

sin tu cabeza en mi regazo

son huérfanos mis brazos

robaste a mi pecho la voz


Y ahora espanto aquel fuego

dejado en la sinrazón

de mi frágil corazón

porque dijiste hasta luego

Pero no supiste volver 

de la eternidad que te atrajo

amamos con tal desparpajo

¿me vendrás a socorrer?


Letra: Carolina Varela López

Jonathan, el pollito (canción infantil)



Jonathan es un pollito

como dulce pegajoso

da abrazos de oso

y duerme bajo las alas

de mamá gallina

hace feliz la siesta

y sueña con felicidad


Pío pío brinca el pollito

se trepa en la cama

se trepa en el mueble

y pide bañarse de tanto saltar

parece un resorte

o el paje de una fina corte

pues tiene elegancia sin par


Pío pío se escuchan violines

los gratos clarines

la mamá gallina toca el pandero

y el pollo avienta el sombrero

se pone las botas

y empieza a bailar

Llama a la tía, al tío

llama a la abuela

tocan castañuelas

y sus bellas primas

con un gran silbido

en la dulce ronda

las pone a jugar

Letra: Carolina Varela López

Tori&Leo (canción)



La que vence tiene brillo

la que triunfa ha venido

es mensajera del destino.


La que Dios es su luz

de la que se ha compadecido

es tesoro escondido.


Han llegado a nuestro lado

con el discernimiento en los ojos

con la exhortación en los labios.


Abren las puertas del camino

los pequeños están

a su sabio cuidado.


De sus manos brotarán

la salud, el bienestar, los milagros

que a la ciencia confundirán

porque tomaron de la fuente

de la luz inmaculada

de la poderosa luz iridiscente


Celebramos con felicidad

las joyas que nos ha enviado

el Arquitecto Celestial


Siempre darán gloria al Creador

Dueño de toda potencia

Señor sobre toda nación.


Letra: Carolina Varela López

Desplazados

  ¿A dónde se fue su risa y solaz, a dónde se fue su calma su paz, el rayo de luz en la oscuridad? La ronda infantil se fue a senectud, el s...