Su boca era otra cosa,
su cuerpo era otra cosa:
El aro en la nariz;
la inundación de la ciénaga.
Esa exactitud de una cifra
en esa carne de números;
y yo con mis ojos de auditor,
con mis manos descifrando ecuaciones,
con mi maníaca curiosidad.
Tanta precisión del líder de la tribu;
tanta geografía derramándose,
ahora inalcanzable.

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