Te digo adiós porque no amanece
la noche persiste ante mis ojos;
te digo adiós porque acaecen los antojos
y no hay ni tan siquiera un crepúsculo
donde canten o duerman los jilgueros.
Te digo adiós en el espacio
en que salimos a volar entre un lucero
y no te das cuenta que en el aire
el halo de tu luz me está llamando.
Te digo adiós entre monosílabos,
así cantando como quien tararea
la melancólica melodía
con los jirones de una vida
que entre el caos resurge y se completa.
Te digo adiós como una meta
para no sentir ese punzón de los abrojos;
repartirme con libertad en mil pedazos,
y subsistir en esa paz eterna
como si más allá durmiera entre tus brazos.






