jueves, 3 de octubre de 2024

Diario 3 oct


Hay días en que no estoy aquí,

soy como el atalaya que todo lo observa

y pienso: ¿para qué todo esto?

las luces nocturnas y el ruido de los autos,

el sudor de la gente y la verborrea,

el afán y los aparatos electrónicos como una extensión de los dedos.

Me doy cuenta de que no somos nada

una vanidad que se mueve, nada más eso;

y pienso en el que con orgullo abate creyéndose un dios manejador de hilos ajenos,

pero ese orgullo duele y avergüenza.

A veces simplemente no pienso.

Hay días que no estoy aquí,

y me alejo de mi madre y mis hermanas

porque su angustia es mi angustia

y me canso de sentir;

hay días en que la claridad de un niño

se me vuelve subjetiva,

tan subjetiva como la paz que busco,

tan subjetiva como si los lobos y los perros me dejaran de amenazar con sus dientes.

Hay días que no estoy aquí,

y me siento dopada 

como quien se levanta a deshoras y ya se acaba el día y no encuentra razones para seguir,

esos días en que hay un nerviosismo extraño en el aire,

y el aire se percibe lento, detenido

como una pausa en el tiempo.

Hay días que necesito apagar mi voz

no gritar, no quejarme, no decir nada, alejarme del mundo y ser solo ausencia

como si viviera en el silencio de Dios.

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