Rodéame con tu escudo
tú que fortaleces al mendigo
al menesteroso das manjares suculentos
debilitas al verdugo
y al ceñirme con tu diestra
acortas las horas.
Guárdame bajo tus alas
tú que defiendes al pueblo
que resiste los agravios
al que ama su bestia le bendices
y el vino refinado
sirves en mi mesa.
Dame el refrigerio
tú que apacientas al redil
aquietas las olas agitadas
afirmas en la peña la vivienda
y me haces crecer
cual manzano en la campiña.
Vivifícame con tu potencia
en los arroyos de tu Espíritu
tú que alargas los días del humilde
das arrojo a los guerreros
y me haces invisible
ante el peligro.
Satúrame con tu gracia
en el eco de tu magnificencia
tú que sobreabundas en galardones al ciruelo
a la astromelia hidratas
y hermoseas mi balcón
con veraneras.
Infúndeme denuedo
tú que agudizas la vista de alcatraces
das tesón a los búfalos
rejuveneces a las águilas
y con esmero sanas
la herida que supura.
¡Sea en mí
desde siempre
y para siempre
la pureza del Amado!

No hay comentarios:
Publicar un comentario