miércoles, 23 de septiembre de 2026

Amar a un artista


(Foto tomada por Beatriz)


Fausto,
lo hicimos de alguna manera, y pudiste volar más... Y volamos, y nos chupamos los dedos, y saltamos rayuela en las calles, y te perdiste en la curva de mis piernas, y me decías,: te pasas de tan suave; y yo decía plenitud en las esquinas del silencio; y pensaba en elefantes y en Andrómeda; en el engranaje exacto de un discurso tisular; en perfecciones secretas, en orígenes al vórtice de encantamientos; pensaba en delicadezas como paladares que han probado todos los tiempos de un banquete con estrellas Michelín. Así, nada más así de sencillo fue como nos amamos. Y por eso, con todo el dolor que nos asignaron, con las salpicaduras infames sobre nuestros nombres, con la violencia sobre lo que construíamos a diario; nadie, absolutamente nadie ha ocupado ese espacio vital, y menos ahora sabiendo que uno al otro nos rescatamos. Y me dijiste: si no hubieras venido me hubiera s...; y puedo entender cuán vulnerable fuiste, y aún amé más esa vulnerabilidad entre mis manos; esa ingenuidad tan desnuda y tan exquisita, amé ese tu fuego tan inocente. Nadie puede ocupar ese lugar, y menos ahora... ¿A quién podría ofrecer otra vez tanta dedicación si tú eras música, si fuiste flor diluida en mi boca, una corriente viva?

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