¿Cómo ignorar el don de tu presencia
la gloria evidente en mi desvelo
tu pulsera atada a mi tobillo
el pabilo en el centro de mi vela?
¿Cómo dejar que el desarraigo
me vuelva oruga que desechan
repartan entre buitres mi carroña
y el gusano que no me muere se lamente?
¿Cómo no oír tu elocuente discurso
si el bramido es discreto ante tu mástil
si eres botín por el que luchan los piratas
si ante ti el arrebol se tiñe ocre?
Desconcierto estar sin ti...
¡Ay de mí, sin nosotros!

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