miércoles, 28 de abril de 2021

Nada personal



Hallé un niño extraviado en el camino,

nunca supo leer mis ojos,

de tanto ruido sucumbió a sus ondas.


Le dije: ¡ten cuidado transeúnte!,


las grandes avenida llenan los besos de carbono,


son inciertos como el humo,


vagan hasta el cansancio


entre tantas soledades que gritan;


cuídate de los dedos secos


saturados de ansias por las cartas selladas,


por las noticias que penden de los hilos de otros;


cuídate de abandonarte en el papel reciclado,


siempre habrá alguien que quiera reescribirlo

 

y el alma se queda en el pasamanos del puente,


atiborrado de huellas;


cuídate de no reconocerte en los charcos,


de perder el asombro frente al zumbido de alas


porque los males se contagian


y pueden acuclillarte entre las astillas


de la escalera rota de un sueño de madera.

 

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