martes, 27 de enero de 2026

Itinerario



Sabrán que nos amamos…

qué volabas en el trayecto del colibrí negrito

reposando sobre la cuerda frente al balcón

El turpial cantaba en su travesía, vestía igual que papá el día de su muerte;

en el país de la alegría se vencen las penas:

los alcaudones te hablan en la avenida,

los canarios se citan en el andén de  la casa

y los loros son corales indicando el camino de los peces.

Las torcazas vigilan la calle y no faltan las palomas,

el petirrojo visita el papayo, trozo de brasa ardiendo frente a mis ojos;

los azulejos son destellos de estrellas nuevas 

posando en el manto rojo,

el colibrí esmeralda da los buenos días

y las mariposas amarillas celebran el medio día;

los pechiamarillos me recuerdan lo que soy y lo que fuimos y pido que vueles para ver mi danza.

Las abejas callan en la calidez de la reserva,

las marpesias confrontan con su tenacidad 

como persisten las avispas negras y las mexicanas entre el techo de madera y las aves del paraíso;

No se puede narrar al Edén y su paraíso en un día,

solo sé que se canta y se baila, que los pies se mueven solos como picados por bichos que no duelen y hay una corriente que sube hasta la cabeza.

Soy el insecto que siempre busca la luz, los aromas más exquisitos y el agua, y quisiera morir en el agua más cristalina como la hormiga gigante en la tierra donde se comen los chiles más dulces, moverme en medio de la hierba como el escarabajo rinoceronte.

Hay chocolates que saben a selva, a franja ecuatorial, como los que nos comíamos juntos, pero en ese país hay delicadezas que me recuerdan a tu boca.

No diré que es “el país de la belleza”, diré que es el país completo donde nada falta porque faltando tú, tú vas conmigo. Dejarte de amar es anular mi sangre, sería desconocer el soplo de Dios sobre mi nariz. La nostalgia es el primer síntoma cuando tienes que partir.

Empacaste la maleta que no quería… pronto vendrá el temblor y volveremos a sonreír, descansaremos de la ignominia.

Un ángel vestido de cuervo me despidió en el aeropuerto, en el lugar de tu último anhelo siempre se puede ser feliz.

Viste la humildad caleña, esa humildad vital que sabe a champús y a chontaduro, a dulce de coco y a pandebono, esos sabores sencillos en manos sencillas, allí no se suele ser tan pretencioso a menos que bailen, porque en Cali se brilla aunque nos tengan en poco, la humildad en Cali sube a los rostros. La sencillez de Cali se parece a tu piel suave y caliente, ahora partícula; eras especial como el Borojó, auténtico, y podíamos enrojecernos juntos.

Nadie sabe lo que anhelaste mi país, y tú fuiste el país que quise amar, y yo fui un país nuevo para ti, mi mapa en tus manos de cartógrafo.

Las mariposas negras me sonríen al igual que los tambores; 

orquídeas amarillas y catleyas besan mis mejillas;

un río abre paso entre la selva y embellece a las piedras, bien pudieran allí lavarse muchos de sus máscaras, y las duras piedras desvanecerse cuando suenan las voces apacibles.

Decir que todo canta en mi país es verdadero.

Cantan los samanes y los cedros, cantan el guayabo, el mango, el mandarino, y los guayacanes laten florecidos como una exultación creciendo entre nosotros. 

Si tan solo hubieses sido carne palpable en el paraíso, todos sabrían lo que nos amamos,

porque nos amamos como los humedales del Valle que se niegan a morir,

como los gavilanes que se guarecieron en los árboles de aguacate,

como las pavas que hallaron el platanal.

Tú fuiste el postre inacabable del banquete, y ese sabor quedó en mi boca.

Vuela sobre mi país mientras cuido el país que me heredaste.


miércoles, 17 de diciembre de 2025

Todavía

 


Si debiera volver a algún lugar,
volvería al sosiego de tus ojos de miel
desprendiendo esa nube de paz;
reposaría en el principio de las cenizas;
descansaría en los restos de vapor;
te ofrendaría mi costumbre de salamandra.
Volvería a tu sonrisa angelical;
al guiño de tus ojos que cantan;
al tibio país de tus labios,
te donaría mi aire.
Volvería a tu cuello de tequila y de sal;
haría dócil al león sobre tu espalda,
con el rubor de trasegar entre los pétalos;
sería péndulo oscilando en tu pecho.
Si debiera volver a algún lugar,
extendería el tiempo de la plegaría
donde nos arrodillamos a besarnos;
a conquistar con las manos los mapas.
Volvería a ese lugar secreto de la unidad,
al tiempo feliz que nadie manchaba;
a tus manos en mis muslos de ciervo;
a tu candil en mi alma;
y atajaría la puerta para que no escaparas;
todavía regaríamos plantas.

martes, 11 de noviembre de 2025

improvisando




(A Fausto Gonzalez)

Desde la ventana invento un bosque,

lo levanto con mis manos,

se alza más allá de mis ojos;

y te invento adentro: fiera silenciosa,

trinar de ave, sombra de árbol, 

río, canto de espesura;

y me invento tierra, piedra, fruto, 

miel, zumbido de insecto

entre el ramaje donde supe adorarte;

para decirte que aún te espero

en el lenguaje verde

como la plaga que conoce

lo que conviene devorar.

jueves, 30 de octubre de 2025

Rabia


Hay días que aprieto los puños

porque estoy con rabia

rabia de que me pusieron contra la pared

y no me fusilaron de una vez

Hay días que estoy con rabia

y quiero ajustar algunos dientes

en la boca de las suposiciones

de esas que agudizan los dolores

y me pesan las manos por los aguijones

de palabras necias

por esquirlas de metrallas

en el corazón de las murallas

porque tienen piedras

en vez de huesos

y en sus decisiones uno no sale ileso

Hay días que estoy con rabia

y quiero incendiar algunas cosas

quebrar las espinas de vidrio de las rosas

y me resulta infame 

que expelen su perfume de amargura

y uno de tristeza quede exánime.

Hay días que estoy con rabia

y la escondo en el agujero del patio de la casa

y cuando tengo hambre, grito ¡Justicia!

hundiendo mis pies en el agujero

deseando no haber nacido 

para ver la miseria humana

y me doy cuenta que no hay patio, ni casa

solo una amenaza de bala.

lunes, 6 de octubre de 2025

07 mayo


 

SOS

I.

Andamos con harapos 

y nos arrancaron la ropa.

¿Por qué vienes a ver mi desnudez

a la hora de la siesta?

No me amarres más el vientre

que mis ojos también gritan S.O.S

Salimos a pedir agua y nos dieron azote.

Frente al portón de un hombre humilde

pisoteaste a mis hijos, los estudiantes,

olvidaste que fui un esclavo de los marchantes de blanco.


II.

Sal a barrer por tres pesos,

que los mártires son los desposeídos.

No hay ley para el esclavista.

Bajo la mesa de los contratos abunda el dinero.

¿Por qué tienes envidia del claustro donde aprendo?

¿Te pesan acaso mis letras?

Solo uní mi voz con otros poetas por la lluvia fresca.

Llévate las turbias aguas que arrastran a mis muertos.


III.

En el valle caen los búhos, los mieleros azules y verdes, los copetones, las garzas, y las garcetas patiamarillas.

¿Qué viento fétido vino a nosotros?

El aire nos pertenece 

aunque tengamos la sangre de los nadie.

El aire fue el único regalo que nos dio la vida,

y si olvidas nuestros nombres

tus hijos olerán tu ropa tóxica.


IV.

Canta una cigarra en medio de la asfixia,

pero no es el tiempo del apariamiento,

canta del dolor entrañable que hizo

gemir al pueblo.

¡Corre, corre, esconde a los niños!

que nadie sepa que ellos nacieron cantando.


V.

Los ojos siguen abiertos pese al aturdimiento.

Los votantes maldicen 

mientras otros aman la fuerza.

¿Por qué soltaste a los rinocerontes

cuando lanzamos las piedras a los charcos?

No íbamos a herir a los peces,

queríamos que se multiplicaran,

en nuestro plato no hay carne roja ni blanca,

nos acostumbraron a chuparnos los huesos.


VI

Mi padre se disfrazó para hacerme escarnio.

¿Qué bebedizo te dieron padre?

¿Ya no conoces a tus hijos,

no conoces a tus hermanos?

Soy como tú, un pobre huérfano.

Mírame a los ojos, pero no me los saques

que a mí también me mataron la madre.


VII

Soy tu hijo único, madre

el que heredó la tierra de tus uñas,

el que aró los campos de señores feudales;

me taparon la cara

porque vieron mi corazón de fuego;

me oprimió un faraón,

el que enreda los hilos.

No me esperes mirando con angustia

por la ventana

que morí luchando contra las tinieblas.



VIII

En el apagón, golpearon la puerta de mi casa con varas de hierro,

las mujeres doblaron los cuerpos, llevaron los niños gradas arriba para no ver la barbarie;

al otro lado de la ciudad,

encendieron velas e hicieron mil ruegos; los que debían oír, pusieron música estridente.

Hay una alarma en las calles,

el miedo busca a los débiles

antes de que el sol revele las manchas de sangre.

Se oyen gritos de dolores de parto,

y la jauria, y yo aquí queriendo una vara para volverme invisible..


IX

Catástrofe antinatural:

mirad los escombros 

en las puertas del alma,

mirad el agravio a los recién nacidos

¿Qué afrenta llevará el niño

al que nombraron patrio?

las que dicen matria también huyen.

Abre un hueco bajo las piedras

a ver si sobrevives,

siembra sobre tu cabeza un árbol

porque el hambre apremia,

escarba hasta que encuentres agua limpia,

no te olvides llamar a la curandera, 

la salud está en la subasta,

cuídate de empeñar a tus hijos

que las casas de empeño no te los regresan.


Recordando a marido (Q.E.P.D)


1 de octubre 2025


Epístola 


Quiero romper el pasado

para traer tu presencia,

quiero romper el pasado

y minar la inclemencia.

Quiero cerrar la boca del abismo,

porque eras profundidad,

el nocturno espacio del lirismo;

el rocío en la espesura de los bosques,

el perfume selecto

en la hendidura de los montes.

Quiero romper el pasado

con este amor clandestino,

quiero romper el pasado

pues hoy me deshilo.

Sueño se siembren espadas

en la sima del silencio;

que traduzcas la agonía, el suspenso

en las letras que inspiran las canciones;

y calmar la sed de los espejos

con la tibia luz de las resoluciones.

Quiero matar esta lúgubre inercia

pues ya no siento lo mismo;

volver al vibrato, al melisma de tu voz

guarida, deleite y vicio.

Quiero borrar ese cruce con la muerte,

reservarte en mi hipocampo;

quiero subir a la pendiente,

concordar contigo en el espacio.



Canción para Fausto oct 3 2025

Hay tantas cosas que he tenido que dejar atrás

negándome la posibilidad de encontrarte en ellas…

Está el video con tu voz que no debe borrarse jamás;

están tus bromas y tu inmensa presencia en el desván.

Hay tantas cosas que he debido regalar

desprendiéndome con gran dificultad;

ese lugar atemporal donde los recuerdos se vuelven contusiones,

desarraigando como paria mis emociones.

¿A dónde van los sueños que escribimos?

¿A dónde van las canciones,

la intersección de los caminos?

¿A dónde la conversación que postergamos,

guardando besos en los labios?

¿A dónde la salud que bendijimos?

Inenarrable lo que sentimos y nos dijimos

mirándonos a los ojos,

cerrando nuestra promesa nosotros mismos.

Hay una fosa que se comparte,

o un tesoro oculto que está que arde,

como quien el amor se traga

y a sí mismo se empalaga

para no mostrar las manos vacías,

como cuando un día

la breve distancia resultó en agonía.

¿Cómo sellar el sobre sin tu saliva?

¿Cómo calmar el ansia sin tu sonrisa?

No hay instrucciones frente a la muerte

¿Se debe fingir locura, morderse la lengua

y hacerse el indiferente?

Hay un dolor que es hematoma y va creciendo cuando hacen falta tus aromas.

martes, 9 de septiembre de 2025

No preguntes

 



Vio bajar las nubes a esa loma

con olor a perros flacos,

las nubes tan limpias traían un aire fresco,

vio bajar el cielo sin poder subir a él.

A veces parece hay un infierno

entre el paraíso

como los que dicen ser rectos y no lo son.

Habló de los infortunios

y recordó palabras de verdad 

en la boca de una sabia entendida en dolores:

la sacerdotisa anunciaba que era el tiempo

de los vástagos,

los que prueban de qué está de hecha una mujer,

los de cabellos de oro con alma gigante;

esos renuevos que hacen sonar los shofares

al lado de edictos con letras antiguas

donde Dios dicta su nombre al barro

en cuartos de excelsa blancura.

Era la hora de dar su única ofrenda

como la viuda en su escasez

cociendo la torta para el profeta;

como Abel dándose

con el último balido de su oveja.

Indefenso se fue el milagro

en la noche adusta

cuando la mujer cargaba la canasta pesada;

noche de trapos rotos salidos de la entraña

y el baño de sangre…

La vida se ganaba,

la vida se perdía

al chasquear los dedos;

y ella tragándose palabras en el frio rincón,

mordiéndose la lengua

como quien muerde una verdad

que necesita gritarse, y

consolando el corazón de Adán.

Ella guarda la agonía lenta del minuto extenso

en que Abraham no tuvo cordero

para el holocausto.

No preguntes por el aroma de la cattleya

en el altar de piedra;

ella es el sacrificio que sigue ardiendo.


Itinerario

Sabrán que nos amamos… qué volabas en el trayecto del colibrí negrito reposando sobre la cuerda frente al balcón El turpial cantaba en su tr...