Cuando aprendas que no es bueno cuidar de un gato:
dejar que se acomode en tu espacio,
en tu regazo,
que salte a tu mesa,
que se meta debajo de tus cobijas,
que haga la ronda por la cocina
para luego doblar rodillas a borrar las huellas necias;
y de repente hay otro techo al que ha saltado.
No es bueno buscar entre las cajas de libros,
en los escaparates,
en las manchas de los muebles;
entrar en ese jugueteo de llenarlo todo y dejarte de la nada tan vacío…
Porque se va mirando de izquierda a derecha y luego de frente como complaciendo a todos y a ninguno.
Y al final pocos entienden quién era el verdadero amor del gato;
si el gato es un fanfarrón, un ingrato, un soberbio o es una nube, una clara ilusión, un espejo en el que me miraba con certeza.
Hoy que aprieto el cojín blando en el que rascaba sus lomos;
y las rojeces en mi rostro me muestran como el polvo persuade, rompe y oxida al igual que las mentiras;
cuando calculas la dimensión de los daños y al trepar la escalera hasta la reja celeste vislumbras el corazón de los infieles,
aprenderás que no es bueno amar con tanto empeño a un gato que perdía su memoria,
como lo hice yo.
Feb 16. 2026